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Cerrado Duelo IV | Rosa vs Viperowl

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  • EL CASO DE LOS SECUESTROS

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    2
  • Encuesta cerrada .

Malcolm

King
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10 Ago 2019
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Saludos, a continuación otro duelo literario, algo antiguo. Que ha sido retomado después de algún tiempo y hoy aquí.

Se recomienda leer las bases de los Duelos Literarios antes de votar, sino se hace de la forma estipulada el voto quedará invalidado:


A continuación se exponen, en mensajes sucesivos, los textos participantes. Para comodidad del lector, se facilita un PDF que recoge los dos textos en el siguiente enlace:


Las condiciones que se debieron tener en cuenta son:

1. Debe ser un relato detectivesco.

2. Una pista importante es una manzana mordida.

3. El relato tiene que terminar con la frase "El gitano siguió tocando el acordeón"

Extensión: 1500-2000.
 

Malcolm

King
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10 Ago 2019
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21
Ceiba pentandra

Pentandra fue fundada por un grupo numeroso de sobrevivientes de un naufragio. La zona ya estaba habitada por nativos nómadas. No les resultó difícil a estos fundadores, que fueron vistos como dioses, integrarse al mundo de los indígenas incivilizados y convencerlos de la necesidad de asentarse en un sitio seguro y hacer de él su hogar permanente. Así nació este pueblo en un continente perdido, creciendo alrededor de una ceiba monumental y entre ríos tan caudalosos y anchos que parecían mares. Con el paso de los siglos llegó el desarrollo, el contacto con otras civilizaciones, pero nunca se convirtió en una gran población, ni en una gran ciudad, la permanencia de extranjeros estaba vetada. Pentandra era, apenas, unos miles de habitantes y unos pocos kilómetros alrededor de la ceiba que presidía la plaza y que estaba rodeada por el antiguo templo aborigen, las construcciones gubernamentales y un par de mansiones pertenecientes a las familias originales.

En ese lugar nací y crecí yo, hoy un miembro común de la seguridad, mañana ascendido a detective oficial.

—Preséntese en la plaza, es un asunto urgente, se ha cometido un crimen, está a cargo de la investigación y es la puerta al ascenso que quiere —soltó sin respirar el jefe de la policía a través del teléfono, con ese tono tan neutral y profesional suyo.

La escena del crimen estaba rodeada por una multitud de curiosos, otros tantos periodistas que hacían la cobertura del hecho que, en menos de dos horas, salía por las noticias y los periódicos nacionales. Era un desastre, alguien había matado, mutilado y aplastado al pequeño retoño. Los ciudadanos lloraban mientras observaban aquella horrible escena y los del equipo de investigación nos poníamos manos a la obra. Colocamos la cinta para impedir la entrada y comenzamos el reconocimiento del lugar en busca de huellas. Revisaba las fotos de la escena cuando un subordinado me mostró la pista más contundente, una manzana roja, mordida, dentro de una bolsa de plástico impermeable. Automáticamente se convirtió en lo más sospechoso del caso, debido a la rareza de esta fruta, solo conocida por pocos y cultivada en tierras muy lejanas. No me cabía duda alguna, mi instinto me decía que ese era el punto de inicio, y lo que nos llevaría al final.

Ese día, el del suceso, se había efectuado en la plaza una gran fiesta, el carnaval anual, donde se reunía todo el pueblo a festejar otro año más de la fundación de Pentandra. Una fruta como esa no podía pasar desapercibida, alguien debería de haber visto al poseedor del tan raro alimento. Ahí comenzaron los interrogatorios.

Después de recorrer la mitad del pueblo aun no encontrábamos ningún dato útil, ni una de las personas interrogadas había servido de mucho. Ya había perdido la cuenta de las casas que había visitado cuando di con algo, la hija mayor ese hogar, en plena adolescencia, con una obsesión por la fotografía, nos mostró el álbum que había hecho de ese día. Y entonces lo vi, a un niño, de apenas unos diez años, llevándose a los labios una manzana idéntica.

La chica me entregó la foto, no sabía quién podía ser el niño, pero solo tenemos una escuela primaria, y no sería difícil encontrarlo. En efecto, una pequeña charla con la directora del colegio y ya tenía la dirección del pequeño en mis manos, me daba pena pensar que un pequeñuelo podría haber sido el autor del hecho.

No fue hasta esa tarde que llegué tocando la puerta de la casa de la familia del niño. Me presenté a la señora que abrió con mi placa y me hizo pasar al salón bajo su amable atención.

—Tome asiento, por favor —dijo.

—Gracias —le respondí mientras me acomodaba en un sillón—. Estoy aquí como parte de una investigación, por el crimen cometido ayer en la tarde en la plaza mayor. He venido a mantener una charla con su hijo, mire, en esta foto aparece con una manzana idéntica a la encontrada en la escena. Necesitamos algunas muestras de saliva y una declaración.

La señora me sonrió con gentileza, sus ojos serenos y sus ademanes calmos, para tener a su pequeño implicado en un caso policial, ningún gesto delataba incomodidad de su parte. Me escuchó atentamente y observó de forma profunda la foto.

—Mire —Indico con su dedo índice a un señor en la fotografía—, ese es mi esposo. Carlitos y él no se separaron en ningún momento, yo ahí había ido al servicio. Puede tomar las muestras, estoy segura de que no servirán de nada, pero lo que sí puede servirle es saber que esa manzana se la compré en la mañana, en una caravana de gitanos que se dirigía a paso lento hacia acá, y yo regresaba de asuntos en el exterior. Imagino que ahora la caravana ha salido y debe estar lejos, pero puede alcanzarla, sin lugar a dudas, si se apresura.

La señora llamó a Carlitos y le tomé la muestra de saliva sin dar más explicaciones, tan rápido como pude, llegué al laboratorio y las entregué para dirigirme a la puerta de la muralla, acompañado por dos guardias, y tomar un rumbo para mí hasta entonces desconocido.

Tres horas después recibí una llamada, confirmando que, efectivamente, las muestras no eran compatibles. Entonces aceleré el auto, corrí por esa vía desierta durante toda la noche sin encontrar rastro alguno de vida. Despuntaba el amanecer cuando en la distancia divisé al vehículo maltrecho, en la orilla, y tres hombres recogiendo los desechos de lo que me pareció, fue su acampada.

Detuve el auto y bajé, cuando me dirigí a ellos estaban atentos, me observaban fijamente. Uno era blanco como la cal y los otros dos morenos, bronceados por el sol, con la indumentaria propia de los gitanos que antes había visto transitar por el pueblo, el más bajo tocaba un acordeón, dejaba salir una melodía desafinada mientras no separaba sus ojos de mí.

—Buenos días señores.

No me respondieron, solo permanecían inmóviles con mirada preocupada observando cómo me seguía acercando. Ya yo me olía algo sospechoso en tanta desconfianza e intranquilidad.

—Estoy aquí siguiendo la pista de una manzana encontrada en la plaza de Pentandra, tengo entendido que ustedes las comercializaban —creí notar que se relajaban con mi declaración.

—Ah, no, no las vendemos, no se preocupe, regalamos una a una señora en el camino, nada más. Las llevamos para consumo propio, no negociamos con ellas, entendemos que no es legal. Esa manzana que encontró debe ser la que yo dejé caer cuando fui a mear.

—Entiendo, estaba orinando. ¿Dónde?

—Pues en un arbolito que está ahí en la plaza.

Y es así como estoy aquí, seguro de mi ascenso. Caso resuelto, encontrado el culpable, la música que ahora toca el gitano más bajo suena a una melodía de los ángeles.

—Disculpe, me temo que usted está detenido.

—¿¡Pero por qué!?

—Porque ese arbolito en el que hizo sus necesidades, no era cualquier arbolito, era la ceiba milenaria de Pentandra, la última ceiba del continente, preservada con sumo cuidado, y ha muerto por su culpa.

—¿¡Milenaria!? ¡Pero si era un retoño de no más de medio metro!

—No era la ceiba original, no, esa ha muerto, era su retoño. ¡La única esperanza de recuperar a nuestro símbolo! Y usted la ha matado, me temo que no tiene excusa, lo ha admitido. La profanación de los símbolos nacionales es el mayor delito contemplado en nuestro código penal.

—¡Pero… yo pensaba que los minerales le vendrían bien! ¡No fue mi intensión!

—Ni la mía.

El gitano mira al señor pálido a su lado, con una expresión suplicante, sus ojos se mueven de mí a él, una y otra vez, y el señor, a su vez, le responde con una mirada asustada. Antes de que intenten resistirse, les hago una seña disimulada a los guardias que aún están en el auto para que vengan a respaldarme. Los gorilas están acercándose cuando el gitano eleva las manos con las palmas al frente, en señal de paz.

—No está perdida la esperanza —dice—, nosotros podemos darle una ceiba nueva.

—No existen más ceibas, usted no es mago, no se resista, está detenido.

—No, no, no —dice dando tres pasos hacia atrás—, se la puedo enseñar.

Despierta mi curiosidad, ese sería un milagro. Le indico a los guardias que estén tranquilos y me dirijo a la chatarra que usan de vehículo, guiado por el culpable, que entra a la caravana y sale con otro retoño. Me quedo de piedra. No era la última.

—¿Pero…como pueden tener otra? ¿Cómo la obtuvieron? —pregunto atónito, hasta la respiración se me ha trabado.

—Fácil —El culpable sonríe—, nuestro amigo aquí —Señala al señor pálido— ha tomado un gajito de la ceiba de la plaza y lo ha plantado, es un nuevo retoño.

—¿¡Disculpe!? —casi veo rojo del enojo y de la incredulidad— ¿¡Está diciéndome que no solo la orinó, sino que también la mutiló!?

Los dos hombres tiemblan ante mí, los dos culpables.

—¡Solo necesitaba la ramita para que se abrieran los trece cielos! —dice para excusarse el hombre blanco.

—¡Arréstenlos! —le ordeno a los guardias.

Al final obtuvimos dos culpables, una ceiba nueva, y cuando me dirigía al auto mientras los guardias arrastraban dentro a los culpables, volví a notar esa música que no se había detenido en ningún momento, el hombre estaba como alienado, fuera de este mundo, con sus ojos fijos en nosotros, una ligera sonrisa en los labios, e inmóvil más allá de sus manos. Puse en marcha el vehículo, salimos a la calle y el gitano siguió tocando el acordeón.
 

Malcolm

King
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21
El caso de los secuestros

Silencio por las calles, era lo único que quedaba pues en el pueblo ahora todos se guardaban. Cierta cantidad en secuestros hacia estudiantes de secundaría y poca simpatía por parte de policías es lo que había.

Estaban aquellos atemorizados al creer que había un criminal suelto y otros que creían que de algo sobrenatural se trataba, que el pueblo estaba maldito, como en aquellos años en los que las personas desaparecieron misteriosamente sin rastro.

Antes las personas guardaban a sus hijos cuando la oscuridad llegaba, ahora pocos salen a la luz del sol.

—¡Escucharon chicos, otro desaparecido!— exclamó Russell con sus ojos azules bien abiertos —. ¡Si! Mi madre ya no quiere que asista a clases— espetó Tony —. Pues la mía está planeando una mudanza— Raibert dijo, los tres suspiraron de forma unísona.

—Jóvenes, ¡atención! Desde ahora tendremos un nuevo integrante acompañándonos, su nombre es Matt— dijo el profesor Noel.

El profesor Noel se esforzaba por mantener su fortaleza, pues uno de sus hijos era de los desaparecidos sin embargo intentaba mantener su simpatía pues debía conservar su trabajo por que aún tenía familia que mantener.

Los ojos de las chicas en el nuevo estudiante de cabello blanco y ojos rubí, se notaba que era extranjero. La campana de receso sonando y no tardó mucho para ser rodeado en preguntas.

—pff, ya se quien desaparecerá después— dijo Russell con cierta indignación en su tono, pues el pelinegro estaba acostumbrado a ser el centro de atención por su físico.

—Para nada gracioso— espetó Raibert —. Como sea, necesito un favor; le dije a mi madre que estaré contigo así que si llega a llamarte dile que estamos juntos, saldré con Kimberly— dijo Russell sonriendo mientras se retiraba dejando a Raibert con la palabra en la boca.



Raibert P.O.V

—bueno solo somos tú y yo Tony— al voltear pude notar que tampoco se encontraba, mi vista se topó con unos ojos rubí observándome, al notar que lo veía se acercó con una sonrisa extendiendo su mano—Matt, encantado.



Platicamos un rato y resulta que está aquí porque es el hijo del nuevo detective, el cual estará a cargo del caso de los secuestros. Resultó ser más amistoso de lo que parecía.

El tiempo pasaba y me encargué de integrarlo a nuestro grupo, y aunque a Russell no le simpatizaba, pasamos mucho tiempo juntos los cuatro y Kimberly.

Normal.

La fama de los secuestros comenzó a expandirse, no solo en el pueblo si no en el país entero, fue entonces cuando una primera pista apareció en forma de un cadaver y el símbolo de una manzana mordida.

Rumores dicen que el cadaver pertenece a la primera persona desaparecida del año, esto hizo a los medios enloquecer.

—El criminal ha dado su primer paso, pero que es lo que quiere— era lo que se escuchaba en las noticias entre otras especulaciones.



Russell P.O.V

—¡¡Escucharon!? Apareció el cadaver de Dereck— dije atónito —. Si, el era un cretino— escuche al castaño quejarse (Tony) —. Pero nadie merece morir por algo así— dijo un Raibert indignado, pues el solía ver el lado bueno en cada persona.

El timbre de salida sonaba, mientras guardaba mis libros en mi mochila, pude escuchar al profesor llamar a Tony, su alumno preferido, siempre le hacía algún obsequio, esta vez pude ver una manzana roja.

Normal

El detective Norman padre de Matt era conocido como uno de los mejores, su reputación indicaba que todos los casos que el tomaba, eran casos ganados.

El tiempo pasaba, nuevos cadavers aparecían a principios de cada mes, las pistas indicaban que el criminal dejaba los dichos en zonas específicas, cercanas en establecimientos en los cuales ellos pertenecían.

Y a pesar de que el criminal se encargaba de no dejar rastro, ni pistas, una tarde como El detective Norman predijo, El criminal fue visto en el acto, como señal de nerviosismo escapó pero había dejado una pista que podía costarle el ser descubierto.



Matt P.O.V

Mi padre hablaba del caso de los desaparecidos, nos encontrábamos en su habitación de investigación, puedo ver una pared llena de sospechas, líneas señalando posibilidades, ahora entre ellas alumnos de mi instituto.

—hijo necesito que vigiles a estas personas de cerca.



Raibert P.O.V

Han pasado 15 días desde la inasistencia de Tony, recuerdo que fuimos a su casa, casualmente nos encontramos con los policías y su madre en llanto, fuimos interrogados.

Normal.

—Noel Ruiz, queda usted detenido por secuestro de menores y asesinato de los mismos— Fueron las palabras del detective.

El cadaver de un joven contenía cabellos del profesor y aparentemente su casa fue registrada, no solo fue encontrado otro cadaver en su sótano si no también una manzana mordida.

En el interrogatorio se le preguntó en donde tenía a los demás, más el culpable dice no saber. El dice ser inocente.

2 días antes de lo sucedido.

En medio de un almuerzo de Raibert y sus amigos, su celular vibró para entregarle un mensaje.

—nos vemos en la plaza San Diego, frente al lago, lunes, 11:30pm. Si deseas que tu amigo siga con vida será mejor que no le digas a nadie sobre esto, estás siendo vigilado.

-M

Raibert volteó hacia los lados inertemente, los escalofríos invadieron su cuerpo, su sangre comenzó a hervir —que significaba esto acaso soy el siguiente— pensó.

—¿estás bien Raibert?— la preocupación en los ojos de sus amigos era notoria —. Si, solo no paro de pensar en Tony— mintió, Raibert siempre creyó que ante una situación así podría involucrar a más personas y en pedir ayuda a los superiores.

Más se dio cuenta que al vivirlo, era distinto, no quería poner en peligro ni a el ni a sus amigos, temía que involucrarlos podría ser el final de sus historias.

Pero quien le aseguraba que al llegar al lugar, salvaría a Tony, quien le aseguraba que no moriría esa noche. Era arriesgado pero su lealtad a la amistad no tenía barreras.



Raibert P.O.V

Intente ir a la estación de policía, para mi mala suerte un carro comenzó a seguirme, pronto vibro mi celular para entregarme una amenaza.

—Si lo intentas de nuevo, estás muerto.

-M

Me vi en el espejo, las ojeras cargando mis ojos celestes, mi cabello rubio despeinado, no podía dormir esperando a que el día llegase, mis amigos notaban que actuaba raro, pues controlaba mis movimientos al sentirme vigilado.



Lunes, 11:30pm

Me encuentro en el punto de encuentro, hace frío y puedo sentir el viento acariciando mi rostro, pero todo este ambiente hizo que mi columna se llenase de escalofríos. Mi cuerpo empezaba a sentirse pesado.

De pronto sentí una mano cubrir mi boca —Raibert— dijo en mi oído, volteé a ver el rostro del cual voz me parecía conocida —.Tony— le abrace por inercia —. ¿Que está pasando? ¡Creí que estabas muerto!— a pesar de mi alegría, el nerviosismo emanaba de mis palabras.

Lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas —soy yo— dijo, comenzó a caminar de lado a lado evitando dirigir sus ojos verdes hacia mi mirada.

—¿Eres tu que?— pregunte estupefacto —. Yo los secuestré, yo... yo los mate— dijo, mi quijada estuvo a punto de caerse ante tal confesión.

—creo que sospechan de mi, así que necesito que me hagas un favor, Raibert, por favor; se que puedo confiar en ti— la desesperación en su voz era notoria, no pude evitar retroceder y echarme a correr.

Pero su fuerza y velocidad opacaron la mía tirándome al suelo.

—¿Por qué haces esto?— le pregunté —. Por que estaba arto, quiero enseñarle a esos idiotas un poco de su medicina, me hicieron la vida imposible, nos la hicieron imposible recuerdas— la forma en la que hablaba era desquiciada, no propia de el, me lleva a pensar que nunca lo conocí.

—está no es la forma, ¡Tony por favor! Déjame ayudarte— a pesar del miedo que ahora me causaba aún podía ver a mi amigo dentro de él.



Tony P.O.V

Flashback.

Sentía las patadas en todo mi cuerpo, fue algo que sufrí muchos días, pero esta vez rebalsó el vaso cuando arrebataron mi pureza, toda aquella nobleza y ganas de vivir murieron en el momento.

—los odio, los odio— me repetía y a pesar de que viví día y noche muerto en vida, descubrí mi propósito, ayudaría a esta sociedad a librarse de esas escorias.

Así que comencé por los mismos que me hicieron daño, luego seguí haciéndolo en otros institutos, se volvió mi pasión el vigilarles, secuestrarles y librar a los inocentes de tal infierno.

Utilizaba la casa en el bosque de mis abuelos, no los mataba, los torturaba para que sintiesen un poco de lo que yo sentí en aquel momento.

Los secuestros se volvieron vírales, la atención comenzó a alimentar mi ego, así que dije —¿por que no alimentar a los medios?— así fue como asesine al primero! Así fue como cada mes aparecían sus cadavers.

El reconocimiento se subió a mi cabeza, era como si algo más fuerte que yo me ganara, quizá mis instintos.

Fin del flashback.



—Lo arruine todo— le dije a Raibert —ya no podré salvarlos, creo que sospechan de mi— dije, podía ver el terror que emanaban sus ojos.

Normal.

Tony convenció a Raibert de ayudarle, le amenazo de muerte, si este no lo hacía. Utilizaron uno de los cuerpos, con cabellos del profesor, dejando el cadaver en su sótano.

Raibert estaba perplejo de las habilidades que su amigo había adquirido en todo este tiempo, aterrorizado, no tuvo más remedio que ceder.

Tony mordió una manzana dejándola en el cadaver, pues este había adoptado el símbolo, por su profesor y a pesar de que Noel fue la ayuda de su adolescencia, el guardaba resentimiento ante este, Pues este le prometió protección, pero le dio la espalda por su hijo a pesar de haber sido su hijo el causante del daño.

Tony aprendió que si debía hacer algo debía hacerlo por si mismo, pero estaba cansado de la hipocresía, así que en el nombre de su resentimiento a Noel, tomó la oportunidad para arruinarle su vida.



Detective P.O.V

A pesar de haber capturado al criminal algo en mi no cuadraba, como podría un padre hacerle daño a su propio hijo, tengo experiencia en esto y en su interrogatorio parecía decir la verdad.

Fue entonces cuando la manzana mordida se vió ante mis ojos como un destello.

Pronto los resultados llegaron y efectivamente pertenecía a mi sospechoso número uno, aún así no era suficiente.

—Detective Norman, un joven desea verlo, dice querer confesar algo— escuche a una de mis compañeras decir, inmediatamente tome mis cosas y me dirigí hacia el.

Un niño rubio, con grandes ojeras, dirigió su atención a mi.

Normal.

No le tomo a Raibert mucho tiempo para decidirse por hacer lo correcto, por suerte Tony había perdido el interés en el, en el momento que este se volvió su cómplice.

Sin embargo era cuestión de tiempo para que Raibert tomara el despiste de su “amigo” y hiciese lo que su corazón pedía a gritos.

Con la confesión de Raibert, Noel a pesar de haber sufrido un par de días, quedó en libertad y no tardaron mucho en atrapar al verdadero criminal. Este intento huir, sin embargo falló, se prometió vengarse de Raibert a toda costa.

Pero por ahora se encontraba tras las rejas. Le agradecieron a Raibert por su valentía. Una vez más el pueblo volvió a estar en paz. Por primera vez en mucho tiempo podían salir a la luz del día sin miedo.

Pues la trampa había atrapado al ratón y el gitano siguió tocando el acordeón.
 

Rubí

Redactor becario
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25 Sep 2019
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23
Mi voto va al primer relato. Realmente, considero que resulta cómico aunque algo confuso, pero el segundo relato tiene tantos cambios de personaje y una historia tan rápida que realmente me costó comprender aquello que estaba narrando. Consideró, que lo habría hecho mejor sin haber variado tanto el personaje y habiéndose parado más en ciertos detalles. Como consejo el autor del primer relato, realmente no tengo nada que reprocharle, se ha adaptado bien a los requisitos con una narrativa amena, aunque he de decir que me esperaba algo más y que no comprendí que estaban hablando de un árbol hasta el final.
 

THEHEADdOOGg

Redactor becario
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9 Oct 2019
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6
Mi voto, como la mayoría, va para el primer relato.

Primero que nada, es sólo mi opinión, no soy un experto e invito a no respetar la en lo absoluto. Quien escribió, Ceiba petandra, El primer relato, me trolleo._.

Me gusto como comenzó con una reducida y economizada forma de poner todo en contexto, dando se la oportunidad de usar al máximo el poder de la ficción. Su prosa, podría ser mejorada, y a lo mejor encontré un par de faltas, nada mas, el resto, esta aceptable, en cuanto a como narra. Pero el tipo de narrador que eligió termina por dar casi la misma voz a cada personaje. Y la trama, peca de estar poco aprovechada, me gustaría pensar que fue por las limitaciones de palabras, pero me quedo con la sensación de que fue por otra cosa.

Respecto al segundo: El caso de los secuestros, no sólo es malo, sino incomodo de leer por razones ajenas a la trama. Lo primero que encuentro, cosa que se remite un poco y de forma esporádica al resto de texto, es una bella cacofonía que me hizo parar me, al menos 2 veces (Sin mencionar el mal uso de una de la especificaciones, al final, en forma de rima, que siento que poco aporta al texto, y sería lo mismo estuviese o no) y el estilo de narración escogida, (Interpolando entre primera y tercera persona) cae en el detalle de ser innecesariamente confuso, y lo empeora aún mas, un detalle que ya mencione. En fin, que termina por hacer que uno se detenga a preguntar se, ¿que es eso *"P.O.V."*? pienso que hay mejores formas de hacer este tipo cosas, y que tal vez, no son lo mejor para un relato.
Luego esta la falta a la ortografía, que, casi no habían en cuanto a palabras individuales se refiere, pero que a la hora de usar los guiones de diálogo, (Si no me equivocó, o no es cosa de una mala conversión a .Epub) fue desastroso._. No sólo me confundí y tuve que parar muchísimo, sino, que creo no conoce el uso de las comillas latinas y otros métodos para citar texto ajeno a pensamientos o diálogos, y que no sabe usar el guión largo.
 

Jocoso

Redactor becario
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1 Ago 2019
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10
No sé si las manzanas mordidas Los detectives y los gitanos son difíciles de encajar, pero en los dos relatos sentí muy forzadas las condiciones del duelo.

Está vez debo decir que no le gustó uno más que el otro, ambos tuvieron lo suyo pero ambos tuvieron cosas que no le terminaron de cuadrar.

Sobre el primero, creo que es una historia modesta, pero encuentro un par de incoherencias que creo son fundamentales en cualquier relato, se resume el origen del entorno, si dice que son pocos Miles, luego se dice que no tienen mucha relación con otras culturas, se menciona la palabra nación, una nación es una organización social compleja y grande, se menciona la fotografía como una herramienta que difícilmente sea desarrollada por unos pocos miles, y si así fuera, una población formada cerca de la selva o trópico que ignore que una forma de germinación de una plana es por tomar una rama y replantearla, se me hace el punto más flojo del relato, lo menciono sobretodo porque en un relato de detectives la lógica debe ser cuidada.

Sin embargo, veo bien el uso del lenguaje la ortografía general, el relato se deja leer.

Sobre el segundo, me gustó el inicio, aunque desde un inicio entre en conflicto con el término secuestro y no desaparición, el segundo le parecía más apropiado porque no implica extorsión o posibilidad de devolver a la persona.

Me ha confundido un poco el uso de ese recurso de cambio de personaje tan explícito, creo que se pudo seguir dejando todo en la voz del narrador, por ahí alegando que este interroga a todos y conoce los puntos de vista de todos luego de capturado el asesino.

Y este punto último es el que me genera más conflicto, un asesino justiciero creo que merecen una captura o una entrega un poco más dramática o con más acción, muy floja la develación del asesino.

De forma similar creo que el relato se deja leer pero ese uso de POV se me hizo extraño.
 

Malcolm

King
Miembro del equipo
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10 Ago 2019
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21
El tiempo limite ya ha llegado hace mucho, y es mi deber dar el duelo por finalizado. Empezando por felicitar a ambos por el encuentro y a @Rosa por su victoria el día de hoy, otra más a la lista. Los invito a seguir participando en nuestros duelos literarios.
El tema va a quedar abierto de todos modos, por si alguien se pasa y da su opinión, sus apreciaciones y sus criticas constructivas, que es lo que importa.
 
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